Lo ocurrido en el último pleno municipal no es un hecho aislado ni una anécdota menor. Es, en realidad, el mejor resumen de una forma de gobernar. El alcalde impidió a un concejal del Grupo Municipal Socialista ejercer su legítimo derecho a réplica por alusiones tras haber contestado a un ruego formulado por este último. Y lejos de rectificar, en su posterior declaración a los medios tras el pleno, el señor Ruiz difamó a dicho concejal y evidenció su absoluta incapacidad para asumir la crítica política, aun cuando esta fue educada y respetuosa. Justamente aquello de lo que carece el primer edil. Y desde ahí se explica todo lo demás: el tono, las decisiones (o su ausencia de ellas) y la deriva de un gobierno más preocupado por el relato que por la realidad.
En Puertollano llevamos meses escuchando el mismo estribillo: ‘Sueña Puertollano’. Ahora, ‘Sueña Carnaval’. A este paso, la ciudad corre el riesgo de convertirse en una producción de Disney: mucho color, mucha música de fondo y un argumento que no avanza. Todo está detenido. El problema es que Puertollano no puede permitirse seguir dormida.
El alcalde, Miguel Ángel Ruiz, ha hecho del pasado su refugio favorito. Cada dificultad, cada carencia, cada ausencia de rumbo se explica con la misma fórmula: los cuarenta años de socialismo. Un recurso tan repetido que ya no justifica nada. Gobernar no consiste en mirar por el retrovisor, sino en responder por el presente y construir futuro. Y eso, hoy, sigue sin verse, porque el alcalde sigue sin arrancar.
Conviene recordar algo que el PP omite deliberadamente: Miguel Ángel Ruiz no fue un espectador ajeno durante esas cuatro décadas que ahora critica. Fue empresario, formó parte del tejido económico local y trabajó para el Ayuntamiento de Puertollano. La ciudad existía. Y él también estaba aquí.
Por eso, resulta poco creíble seguir culpando al pasado sin asumir responsabilidades propias. Si todo fue tan negativo, cabe preguntarse qué hizo el Partido Popular durante esos años para cambiarlo.
La respuesta es incómoda: prácticamente nada. El PP de Puertollano siempre ejerció una oposición débil, sin un proyecto de ciudad reconocible y con escasas propuestas de envergadura. Mociones aisladas, iniciativas puntuales y mucha crítica, pero ningún modelo alternativo sólido.
Ese ‘vacío popular’ se nota ahora. Porque quien no construye una alternativa desde la oposición, difícilmente improvisa un buen gobierno. Y eso explica un mandato marcado más por el marketing que por las políticas transformadoras.
Alcalde, entienda que el Ayuntamiento no es un escenario de Frozen donde basta con cantar “Libre soy” para que todo se solucione. Solo falta que nos prometa que si creemos muy fuerte, los problemas desaparecerán solos. Sepa que, y ahí va el spoiler, no desaparecen.
Puertollano necesita menos eslóganes y más decisiones. Menos campañas soñadoras y más políticas públicas con impacto real: empleo estable, vivienda accesible, servicios públicos fuertes, transparencia y participación ciudadana. Hace dos meses, el Grupo Municipal se lo puso en bandeja, pero prefirió seguir soñando que hacer algo por los vecinos y vecinas de esta ciudad.
Y ahí sigue, acomodado en una gestión sin ambición, sostenida en vender humo y proyectos que quedan en fase de letargo.
Es cuanto menos escandaloso que cuando el PP estaba en la oposición exigía rapidez, soluciones inmediatas y valentía política. Insistimos, sin ninguna alternativa. Hoy gobierna y todo es complicado, heredado o pendiente de estudio. A veces, incluso pone en el punto de mira al funcionariado. Una doble vara de medir que no pasa desapercibida.
Desde el PSOE de Puertollano lo decimos con claridad: la ciudad no necesita más cuentos ni más sueños. Necesita gestión, hechos y un gobierno que asuma responsabilidades sin esconderse en el pasado.
Porque soñar está bien. Pero gobernar exige estar despierto. Muy despierto.
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